Escribo ficción. Por lo tanto los hechos y personajes son ficticios, cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia.

sábado, 16 de junio de 2012

Luz clásica y social

Se cortó la luz y ella se detuvo; con el miedo clásico y social de deslizarse en la oscuridad, en lo sombrío, en lo desconocido. Pero de a poco sus ojos se fueron acostumbrando a esa luz distinta. A esa luz de tono anaranjado que entraba por las ventanas y empezó a iluminar el salón. Y siguió bailando en un ambiente donde paradógicamente todo parecía más claro y más bello.

Tarde

Si ella lo trata como siempre, todo es como siempre. Si ella se muestra distinta, distante, lo desencaja, lo desconcierta y lo deja como idiota sin saber qué tiene que hacer. Lo saca de su zona segura. Esos límites que le dan libertad y comodidad. Una rutina que a ella la desespera, pero a él parece satisfacerle y bastarle. Esos gestos que son casi automáticos. Su constante búsqueda hacia él, hacia sus manos, sus mimos, su constante planificación de planes y valga la redundancia.
Esos son parte de una serie de sutilezas que le dieron a él comodidad, seguridad, placer y satisfacción que no parece estar dispuesto a perder.
Ella se lamenta, cuando ya se perdió el encanto, de no haber sido un poco más difícil

domingo, 3 de junio de 2012

La buena acción

Subte. La flaca tendrá 22 años. Está muy bien vestida, ropa prácticamente nueva, con poco uso. Chatea desde su celular. Tiene una cruz de oro colgada de su cuello que descansa en su voluminoso escote. Está parada. Hay poca gente pero todos los asientos están ocupados. Está en un extremo del vagón, del otro lado ve venir a un chico de 11 años, como mucho. Sucio. Ropa gastada y rota del uso. No se si combina los colores porque estos a penas se distinguen. Ojotas con medias, mojadas por cierto, afuera llueve. Inconsebible vestuario para ella. Pero no le genera rechazo sino pena, lástima y compasión.
El chico ya repartió las tarjetas con almanaques que vende por todo el vagón,  obtuvo pocas miradas, tres o cuatro le dieron la mano y sólo uno le dio unas monedas. Se va acercando a la flaca. Ella guarda su celular, corre su cartera hacia atrás y le dice: "Amor, ¿tenés de sagitario?" Haciendo referencia a los almanaques que vende, que al dorso tienen una breve referencia a los signos del zodíaco. El pibe a penas la mira y le da el pilón de tarjetas mientras recoge las que quedaron diseminadas entre los demás pasajeros. Vuelve a ella.
Llevo esta. ¿Cómo te llamás lindo?
Miguel.
Qué lindo nombre!
Le da un peso en monedas de 50 y dos de 25 centavos. Él la mira. Ella le acaricia la cabeza. Todos los pasajeros los miran. Él le saca la mano y la mira con tristeza en los ojos. Conoce los gestos, que para él son de desprecio.
Cómo estás Migue?
De verdad querés saberlo? O querés que te responda como lo hacen todos ustedes? 'Bien' y listo.
La flaca se queda anonadada. Se agacha a la altura del pibe. Le agarra la cara con una dulzura despreciable. Revisa sus bolsillos y le da ahora un billete de dos pesos. Le da su limosna.
Miguel se baja del vagón para ir al siguiente, a seguir vendiendo.
Ella se para y el resto del viaje piensa lo buena, lo buena samaritana que es. Y tacha de su lista cristiana mental la buena acción del día.