Escribo ficción. Por lo tanto los hechos y personajes son ficticios, cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia.

lunes, 12 de marzo de 2012

Encuentros III

Están en la cama de el vecino. Sus ojos ya están acostumbrados a la oscuridad de la habitación. Sólo entra luz por la persiana a medias bajar y tal vez sea porque está atardeciendo, que esa luz le da al ambiente un tono anaranjado.
Él prende un cigarrillo y lo respira con el placer de quien respira el aire puro.
Ella se acomoda en su pecho, mas bien en el hueco entre el hombro y el cuello que parece haber sido creado para ella.
Es una cama de dos plazas y tiene de esos acolchados de pluma, de esa tela que da la sensación de esponjoso y son tan agradables a la vista como al tacto. Las sábanas están desordenadas, ellos están destapados, desnudos y transpirados. Él se acaba de pone el boxer y ella la bombacha y la remera. El resto de la ropa está en el piso, o en el sillón, donde empezaron a desnudarse. Los papeles yl as llaves que estaban arriba de la mesa, ahora están en el piso. Se ve que hicieron alguna parada antes de llegar a la cama. Las almohadas ya ni se sabe dónde están. Todavía se siente el eco que los oyó quererse y se siente el aire cargado de sexo.
Ella se estira para alcanzar su cuello y darle un beso. Él, que tenía la mirada perdida, ahora le sonríe y le devuelve el beso en la boca. Se miran a los ojos por unos segundos luego él hace una cara graciosa y se ríen sin decir nada.
El vecino termina su cigarrillo y va a la cocina a buscar unos vasos con agua. Encuentra cerveza. Fría. La sirve, la lleva. Llega a la cama y ella está dormida, se acuesta a su lado y se vuelve a acomodar como antes de levantarse. Siente su respiración tranquila, sedada y acaricia su pelo todavía húmedo por haber transpirado. La mira dormir por un rato. Y la acaricia con cariño. Con la ternura de quien está descubriendo un amor. Toma su cerveza y la de ella.
La mira dormir. La ve dormir y la quiere con los ojos. Mira esa camiseta musculosa de morley blanca que le ajusta las tetas sin corpiño y le gusta, no lo excita –ahora- solo le gusta. Y le mira esas piernas que están enredadas en las suyas. Nada le gusta más que sus piernas y su espalda. Y los ojos. Y la cola. Le gusta toda. La ve dormir y le acaricia las piernas y luego todo el cuerpo. La toca solo con las yemas de los dedos. La quiere con las manos.
Le acaricia desde los dedos hasta el codo, hasta el hombro y luego sube hasta el cuello, vuelve a bajar solo con un dedo por el pecho entre sus tetas. Cuando está llegando al ombligo ella se sonríe, aun con los ojos cerrados. Él la ve y le da un beso. Uno solo.
Y la sigue acariciando. Le baja con un dedo la bombacha pero sólo descubre el hueso de la cadera y le da un beso. Luego besa toda su panza. Y ella ya abre los ojos. Le saca la camiseta y le besa también las tetas. La respiración de Julia ya está agitada. Y la de él, el doble.
Mientras le besa el cuello, con la mano derecha va bajando despacio hasta su ombligo. Juega alrededor del arito que lleva puesto Julia.
Deja de besarla pero sigue acariciándo y observándola. Ella tiene los ojos cerrados y solamente piensa en los dedos que la miman. Siente como la mano del vecino baja del ombligo por su centro mientras sube la temperatura de su cuerpo y más aún la velocidad de su respiración.
Julia ya no resiste la quietud y se incorpora para besarlo ella también.
En la penumbra de la habitación se quisieron un rato más mientras se escondía el sol.
Los demás compromisos decidieron esperar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario