Escribo ficción. Por lo tanto los hechos y personajes son ficticios, cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia.

domingo, 2 de febrero de 2014

La eternidad

Mi alma salió de mi cuerpo y la misma corporeidad de mi forma perdió los límites en el mismo momento en que tus dedos se hundieron en mi pelo. Mi alma se fue con el miedo de no volver, mis ojos se llenaron de colores que no conocía y mi humanidad se deshizo mientras vos me llevaste a conocer el universo con la sonrisa eterna. Pocos segundos, atemporales, donde el tiempo dejó de ser tiempo y nuestros poros irradiaron verdad. 
Tus manos sostuvieron mi cabeza y vos, mi alma. Nuestras auras crecieron e iluminaron la sala que estaba a oscuras. Un silencio profundo fue la música de esa noche, roto por las risas y los susurros, roto por un te amo y la verdad, roto por el ruido del placer. 
Mi mente guarda de esa noche, las fotos que la cámara no pudo tomar. La luz a la que nuestras pupilas dilatadas pudieron acostumbrarse, las sábanas desparramadas, las botellas de cerveza, el ambiente enviciado de cigarrillo y olores. 
Los cuerpos pesaban de plenitud y de la felicidad de saber que esa noche se repetiría, las veces que queramos. En nuestras retinas.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Muchas cosas

Me gustan las casas cuya puerta da directamente a la calle. Pasar, que alguien salga o entre y ver. Mirar con atención adentro e imaginar. Inventar. Me gusta la gente que mira a los otros pasar, desde la ventana, el balcón o un banquito en la vereda. Como si dejaran su vida por un rato para observar el mundo. Se detienen a ver esas cosas que nadie ve. Me gusta tu olor y la textura de tu ropa. Me gusta leer la página del libro que está leyendo quien está junto a mí. Mirar a los ojos. Descubrir música. Viajar. Y soñar con viajar. Con vos. Mirar el cielo, mirar el mar. Me gusta escuchar voces en departamentos vecinos. Y conversaciones. Me gusta -aunque reniego- enamorarme literal y metafóricamente. Me gusta mirar la mirada perdida de las personas cuando viajan en transporte público. Me gusta, cuando escribo, mirar por la ventana cuando pienso. Me gusta tener la tele de fondo. Me gustan las ferias americanas. El olor de la ropa. Me gusta dormirme en tu hombro y que me dejes, que me mires. Me gusta escuchar una voz después de mucho tiempo. Me gusta que me aprieten las uñas. Que me regalen un beso o que me lo roben. Me gusta hacerme un bollo en el sillón. Y un bollo en tus brazos. Me gusta bailar todo. Cualquier cosa. Mirarme los pies. Planificar y destruir mis planes. Me gusta acariciarte la cara.  Y acostarme arriba tuyo. Sin ropa. Me gusta mi cama. El color de mi pared. Me gusta escribir. Me gusta el olor a libro viejo. Me gusta la cerveza. Me gusta hacer listas de cosas. Me gusta leer. Pero me gusta más que me leas. O leer juntos. Me gusta la idea de muchas cosas que no son. Y de las que son. Me gusta pensar qué hay en las mochilas ajenas. Carteras. Bolsos. Bolsillos. Me gusta ver besos. Y abrazos. Darlos y recibirlos. Me gustan los muebles viejos. El palo santo. Los posters. La música francesa. Me gusta ver como miran lo hijos a sus mamás. Me gusta como me agarrás la cara. Y tus manos. Me gustan las manos manchadas de tinta de pluma. Esas manos que ya casi no se ven. O manchadas de pintura. Me gusta la ropa gastada. Me gustan las libretas. Me gusta hacerte reír aunque no quieras. Me gustan las sorpresas. Me gusta juntar revistas. Me gusta perderme en una foto. Y en tus ojos.



No la quiere, para nada

Si tienes un hondo penar.
Ella canta en el colectivo que va por alguna calle sombría de Boedo. Bajo unos grandes rulos se esconde una boca muy roja que canta.
Piensa en mí.
Rulos grandes y pelo corto colorado. Corto por arriba de los hombros. Nariz y pera punteagudas. Boca muy fina. Casi fea.
Si tienes ganas de llorar
Está sentada en el asiento de uno junto a la ventana y mira a través de ella. Canta. No hay mucha gente pero tampoco nadie la mira. El colectivero da una mirada en los semáforos por el espejo retrovisor. Ella piensa en el abandono.
Piensa en mí
Se le corre una lágrima y arrastra con ella el denso delineador que enmarcaba sus ojos turquesa.
Ya ves que venero tu imagen divina
No sabe a dónde va. Quizás ya pasó su parada. Piensa en nada.
Tu párvula boca
Tiene un vestido rojo, corto y medias finas color piel, rotas. Está descalza y sus tacos azules descansan arriba de sus piernas junto a su cartera. Piensa en él. En su boca.
Que siendo tan niña, me enseño a pecar. 
Su cabeza descansa en la ventana. Está un poco húmeda porque afuera llueve. Piensa en las gotas de lluvia. Que se revientan y se resbalan por el vidrio. Piensa que la dejó, la abandonó.
Piensa en mí, cuando sufras
Esa lágrima que corrió un poco su maquillaje, fue solo la primera de muchas otras que borraron su delineador. Llora sin ruido. Como resignada. Tiene la vista nublada. Se quiere bajar. Se baja y camina.
Cuando llores también piensa en mí
Camina descalza sobre la lluvia y bajo la lluvia. Los zapatos en la mano. No piensa en sus pies. Piensa en los de él, ¿dónde estarán sus pies? Y sus manos, su piel y sus ojos negros. Camina sin ver, sin oir, sin sentir más que dolor.
Cuando quieras quitarme la vida
Camina sin rumbo en la noche de Buenos Aires, en las calles de Boedo, hasta que, ahora, sus rulos de aplastan y nada en ella está seco. Ni su ropa. Ni su cuerpo. Porque nada de lo que lleva puesto su alma le importa.
No la quiero, para nada 
No le sirve. Para nada, sin él.

jueves, 14 de marzo de 2013

Resabios de tristeza

Es como una película. Pensemoslo así.
Con un primer plano a su cara en el espejo de un baño que ahora, en ese plano, no se ve pero es chiquito, antiguo, con cerámicas verdes y techo alto, grifería vieja, un poco oxidada. El espejo ese donde se refleja su rostro es grande. Pero ahora solo se ve su cara, sus ojos mirarse, analizarse, imaginarse como ella o como un poco más de ella.
El primer plano se abre y deja ver como se desviste para entrar a la ducha. El agua está corriendo, pero a ella no le preocupa el mundo de sus nietos, entonces no se apura. Se mira otra vez, ahora desnuda. Inclina la cabeza a la derecha. Vuelve. Se mete a la ducha y cierra la cortina, como cerró la puerta aunque está sola.
Se moja sus rulos y se aplasta el pelo contra la cabeza mientras el agua de a poco lo empapa, como al resto de su cuerpo. Tiene ojos y labios grandes, a la cámara le gustan. Nariz pequeña, es muy blanca y pecosa y pelirroja y flaca y de piernas largas. La cámara las toma mientras ella les pasa jabón y el agua corre.
Su mente es infinita.
Piensa infinitamente. Mucho.
Se acuerda que hace unos días que no piensa en él. La alegra, hasta que se acuerda de lo que no pensaba hace rato. Y la cámara enfoca de cerca esos ojos que estaban vacíos y ahora se llenan de dolor.
Hay música de fondo para esta escena. Es una bandita indie-pop que al matizarla con estos pensamientos parece un poco melancólica, casi deprimente. No queda mal, pienso, digo. Hay letra en inglés, que ella susurra por momentos gracias a esos grandes labios rojos, que ahora están cortajeados del frío. Del frío y no de los besos, porque no tiene quién se los de.
La cámara ahora está concentrada en sus manos de dedos largos y uñas cortas y mal arregladas, qué hacen y qué no. Cierran las canillas. Abren la cortina. Estrujan los rulos colorados. Toman la toalla y secan la cara, ahí la atención se distrae en esos ojos profundos sin brillo, sin luz. Porque se los han robado. No sabemos quién.
Así, desnuda, bajo la toalla y medio mojada vuelve al cuarto. Mira al pasar la ventana y tras ella, el atardecer, pero uno de esos buenos. Sube la música para que aplaste los pensamientos y se atrinchera en una esquina de la cama para ver el sol ponerse entre un montón de nubes y ella entre un montón de almohadones.
La música no para. Sube. Y más deprime, aunque se pudiera bailar, hoy deprime.
El atardecer parece eterno, mientras ella de a poco deja de pensar y su inconsciente luchar por salir a golpear esos resabios de tristeza. Esos que la cámara no puede captar sino en sus ojos, que empiezan a cerrarse sin esfuerzo, sin oposición, esperando despertar mañana a ver si pueden, algún día de estos, volver a brillar.

lunes, 18 de febrero de 2013

Despierta o dormida

Casi sin sorpresa, sigue llorando su recuerdo.
El espacio donde su foto ya no está, solamente le recuerda que ya no está.
Sigue llorando el orgullo, el vacío y la resistencia. También la testarudez  la falta de comprensión e interés; la ceguera, el enamoramiento, el día de san Valentín y cada película romántica.
Sigue llorando cuando duerme, entre los sueños que quieren volver a verlo.
Llora enfrente de nadie, enfrente de ella misma. Sonríe cuando recuerda y luego llora más fuerte y en silencio. Las lágrimas que mojan la almohada y humedecen sus manos parecen ser viciosas que no van a detenerse.
Sueña que va y que vuelve. Sueña sus besos. Sueña sola. Sueña sus manos. Un abrazo. Su risa. Se sueña. Despierta. O dormida. No sabe y llora.