Escribo ficción. Por lo tanto los hechos y personajes son ficticios, cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia.

lunes, 11 de noviembre de 2013

No la quiere, para nada

Si tienes un hondo penar.
Ella canta en el colectivo que va por alguna calle sombría de Boedo. Bajo unos grandes rulos se esconde una boca muy roja que canta.
Piensa en mí.
Rulos grandes y pelo corto colorado. Corto por arriba de los hombros. Nariz y pera punteagudas. Boca muy fina. Casi fea.
Si tienes ganas de llorar
Está sentada en el asiento de uno junto a la ventana y mira a través de ella. Canta. No hay mucha gente pero tampoco nadie la mira. El colectivero da una mirada en los semáforos por el espejo retrovisor. Ella piensa en el abandono.
Piensa en mí
Se le corre una lágrima y arrastra con ella el denso delineador que enmarcaba sus ojos turquesa.
Ya ves que venero tu imagen divina
No sabe a dónde va. Quizás ya pasó su parada. Piensa en nada.
Tu párvula boca
Tiene un vestido rojo, corto y medias finas color piel, rotas. Está descalza y sus tacos azules descansan arriba de sus piernas junto a su cartera. Piensa en él. En su boca.
Que siendo tan niña, me enseño a pecar. 
Su cabeza descansa en la ventana. Está un poco húmeda porque afuera llueve. Piensa en las gotas de lluvia. Que se revientan y se resbalan por el vidrio. Piensa que la dejó, la abandonó.
Piensa en mí, cuando sufras
Esa lágrima que corrió un poco su maquillaje, fue solo la primera de muchas otras que borraron su delineador. Llora sin ruido. Como resignada. Tiene la vista nublada. Se quiere bajar. Se baja y camina.
Cuando llores también piensa en mí
Camina descalza sobre la lluvia y bajo la lluvia. Los zapatos en la mano. No piensa en sus pies. Piensa en los de él, ¿dónde estarán sus pies? Y sus manos, su piel y sus ojos negros. Camina sin ver, sin oir, sin sentir más que dolor.
Cuando quieras quitarme la vida
Camina sin rumbo en la noche de Buenos Aires, en las calles de Boedo, hasta que, ahora, sus rulos de aplastan y nada en ella está seco. Ni su ropa. Ni su cuerpo. Porque nada de lo que lleva puesto su alma le importa.
No la quiero, para nada 
No le sirve. Para nada, sin él.

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