Escribo ficción. Por lo tanto los hechos y personajes son ficticios, cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia.
lunes, 31 de octubre de 2011
No tengo tanto miedo
Tengo miedo. Tengo miedo a muchas cosas. Miedo de las cosas que todavía no pasaron. Tengo miedo cuando me quedo sola en casa a la noche, tengo miedo a las cucarachas, a las arañas. Tengo miedo a las alturas, tengo miedo de quebrarme un hueso, miedo a desmayarme. Miedo a la soledad, a que nadie me llame, nadie me atienda y nadie me lea. No le tengo miedo a la muerte, le tengo más miedo a la vida. Tengo miedo de enamorarme, miedo de que descubran mis secretos, miedo de que escuchen mis pensamientos. Tengo miedo de quedarme huérfana, miedo de morir quemada o ahogada. También tengo miedo de quedarme encerrada en algún lugar y que no me encuentren. Le tengo un poco de miedo al mar, a los toboganes, a los accidentes de tránsito, a caer en el mar con el avión, a las operaciones, al dentista, miedo a lastimar. Miedo a volverme loca, a perder la memoria o que se olviden de mí. Miedo de que vos no me leas más.
jueves, 27 de octubre de 2011
Muchacha
Estas cosas en la vida, me dejan sin palabras. Me obligan a mirar el techo y escuchar, nada más
Ella
Está acurrucada en una esquina del salón con un bolso que pesa más que ella, seguro. Ya está vestida, cebolla, con muchas capas…por si le da calor a ese minúsculo cuerpo. Hoy predomina el rosa, a veces el negro y el gris, hoy el rosa. Tiene un rodete tirante y perfecto que se ajusta en la parte alta de la cabeza. Prolija. Se venda los dedos de los pies con una rapidez que asombra. Busca en su bolso y revuelve como si tuviera una profundidad inimaginable, como el bolso de Mary Poppins. Saca una, saca dos zapatillas de clase, rosas, con cintas también rosas. Pone sus huesudos pies dentro de ellas, ata las cintas a sus tobillos, siempre prolija, tranquila y eficiente. Está callada. Porque no hay nadie. Se para y se acerca al espejo, se mira de cerca, acomoda su ropa y su pelo aunque todo estaba en su lugar. Cruza el salón para ir a la otra esquina donde hay una caja con resina. Se pone resina en las zapatillas y se para en puntas por primera vez. Pero a modo de prueba. Todavía no baila. O si. Camina derecha, despacio, separando el aire con suavidad y armonía. Si es que se puede separar el aire con armonía, ella lo hace. Ya se puso resina. Va al centro del salón. Se para en primera y cierra los ojos, respira y se coloca en eje. Siente cada centímetro de su cuerpo. Mueve su cabeza en círculos aún con los ojos cerrados. Y como si con el aire le alcanzara para empujarse se para en la punta de los dedos y gira mil veces, luego salta, camina y vuelve a girar. Mueve sus brazos y sus piernas como si le fuera natural. Parece no pesar nada. Parece sencillo pero empieza a sudar y sin dejar de moverse se va sacando esas capas de ropa. Es un ave. Bella. Ese aire que la toca la quiere, la ama. Se cansa y a veces se equivoca porque aunque lo olvidemos por momentos ella es mortal. Sonríe. Tiene gracia y ángel. Su cuerpo es de goma, aunque firme, se ve cada fibra de sus músculos y en ellos todo su esfuerzo. Es sensual sin quererlo. Cuenta una historia con sus movimientos, con su sonrisa y sus ojos. Controla todo. Su cuerpo la oye y le obedece, su cuerpo también la quiere.
Se empiezan a escuchar risas y voces. Se abre bruscamente la puerta del salón y a pesar de que está acostumbrada a eso, se sobresalta y deja de bailar. Se pone de nuevo toda la ropa que fue sacándose y se acurruca en su rincón. Nadie parece verla. Todos dejan sus bolsos y se acomodan en la barra. Ella está primera. La profesora prende la música y empieza a indicar movimientos. Mientras lo hace se acerca al inicio de la barra y le pasa la mano por la cara, secándole la transpiración y mimándola, la mira con ternura. No la vio, pero sabe que estuvo ahí. Prolija, primera, antes que nadie. Bella.
miércoles, 26 de octubre de 2011
Castro-Barros
Subterráneo, línea A. Está sentado enfrente mio. Siento que lo conozco incluso me sostiene la mirada, quizás él también me conoce. ¿De otra vida? Tiene sobre sus piernas una carpeta con hojas. Les da una hojeada y puedo ver que son de distintas personas, quizás son exámenes, o tareas. Es profesor entonces. Se dispone a leer el primer examen, pongamosle, que tiene en su carpeta. Error: tiene puestos los anteojos de lejos, hace un esfuerzo por no tirar las hojas, por encontrar el estuche de los anteojos de cerca y por no pegarle al señor que está sentado a su lado. Finalmente encuentra los anteojos de cerca y hace el cambio. Entonces, lee. Al rato parece se cansarse de la lectura y vuelve a guardar el examen en la carpeta. Sigo sintiendo que de alguna forma lo conozco. El hombre tendrá 56 años, pero su aspecto lo hace parecer mayor. Tiene el pelo completamente blanco, a penas largo, enrulado y despeinado. Tiene una campera de un azul marino, suelta, con muchos bolsillos. Uno de ellos guardaba el estuche de los anteojos de cerca que tanto trabajo le costó encontrar…Tiene unos jeans claros, clásicos y gastados, zapatos acordonados negros, gastados también. Retro, vintage quizás parece un volver al futuro. Pareciera un profesor de letras, quizás, o filosofía, o cine, o historia.
Es de esas personas que pueden sentarse en el vagón de un subte y abstraerse, independizarse del resto de los pasajeros. De mi incluso. Guarda entonces el examen en la carpeta, mira a ningún lugar a través de la ventana. Puedo ver la mirada perdida a través de sus anteojos de cerca que aún lleva puestos. A continuación como si entendiera lo melancólico que me resulta su mirar cierra los ojos y se deja acariciar por el viento del subte. Y piensa en mí,
sería una buena alumna. Ojeras y pelo despeinado, campera gris y jean: ropa sencilla con estilo. De alguna forma, no le importa, es segura, siente que tiene más para dar que una imagen. Probablemente en su colegio o escuela fue rotulada, sí, como todos. Profesores bien intencionados pero errados, compañeros, familia. Si conozco de eso. Debe tener 21 años, saca unos apuntes de su mochila, está en la facultad, proceso de desenrotulamiento. No, no existe esa palabra, odio corregirme. Eso. Podría ponerle un nombre y hacer de ella un personaje. Luciana. Andrea. María. Paulina. Alguno de esos.
Es de esas personas que captan la atención. O quizás solo a mí. Quiero hablarle y decirle que quiero ser su alumna. Mientras cierra los ojos me da la oportunidad de seguir observándolo sin disimulo, me desespero por aprovechar esos segundos y captar todo aquello que pueda. No tiene alianza, pero sí una discreta marca de que ha existido. Imagino que es viudo, intuyo que hace tiempo, por el desmejoro de su apariencia. No, claro, no debe existir esa palabra. Si fuera mi profesor, ya me hubiera corregido. Estación Loria, si sigo así me voy a pasar de estación. 2 minutos. Pienso que quizás se baja en mi parada y podemos compartir aunque sea unos metros de caminata y sea el inicio de una hermosa conversación. Ojalá. 2 minutos y sigo observando. El hombre vuelve a abrir los ojos, eso me intimida un poco y me obliga a disimular. Estación Castro Barros, miro por la misma ventana que miraba él a ningún lado hace unos minutos, sólo que ahora me lamento por el fin de mi recorrido. Espero a ver que mi ilusión se concrete y que el profesor se levante. Sin embargo no veo intención, amague o gesto alguno que me pueda indicar que eso va a suceder. En mi loco e impulsivo consiente se interpone la idea de seguir en el recorrido para disfrutar de su lejana compañía. Sí, sería capaz de continuar hasta la última estación si existiera la remota posibilidad de que el profesor me invite a un café...El tren se detiene, el freno me despierta de mis pensamientos y miro por última vez a través de esa ventana. Bajo del tren y de la fantasía.
Tiene esos ojos que cuesta leer. Tienen un tenue brillo que aseguro que alguna vez fue grande y le dio ángel a Paulina. Creo que tiene mucho que decir, quizás ni ella lo sepa. Mis clases la ayudarían. Probablemente podría ayudar a recuperar esa luz de sus ojos, me entristece. Corazón roto, familia no sencilla, cuántas cosas más, un sistema que la hace sentir presa. Me gustaría ayudarla. No me vuelve a mirar. Quiero hablar con ella y comprender qué es aquello que le pesa a esos bellos ojos y a ese alma. Me malinterpretaría. ¿Un café?... Estación Castro Barros. No, ¿a dónde va? Se baja. . Se levanta apurada como si no llevara registro del recorrido, despistada. Toma la precaución de, antes de bajar del vagón, dirigirme una última mirada; tímida, pero firme como si me conociera o como si quisiera decirme algo. ¿Otra vida nos vivió juntos? Se baja con el tren todavía en movimiento y la sigo mirando pero ella ya no me devuelve sus ojos. Pienso en bajarme y seguirla, pero el tiempo me pisa los pensamientos, suena el timbre del subte, Paulina se pierde entre los demás pasajeros y mi tren vuelve a andar…
martes, 25 de octubre de 2011
Paulina
No estoy segura todavía si me gusta hablar de mí. Parte del tiempo creo que sí. El resto casi ni me gusta hablar de nada. Me gusta el silencio y a veces peco de autista o antisocial. Son momentos, no se asusten.
Amo a mis amigos y estar con ellos. Amo reír hasta llorar de cosas que la mayoría de las veces no recuerdo. Amo las charlas con mis amigas, de vivir juntas, de irnos a la mierda, de cambiar el mundo, de hacer un motines, que siempre quedan en la nada...algún día tal vez lo hagamos, no lo sé.
Me gustan cosas de las que se muy poco, la música por ejemplo. Pienso que no tengo pasión por nada hasta que me emociono hasta las lágrimas viendo bailar a algunas personas.
Veo bailar y bailo. Disfruto como pocas cosas en la vida. Soy una bailarina frustrada aunque tengo tiempo de remediarlo. Otra cosa que disfruto es de los mimos y de dormir, si se puede juntas me resulta orgásmico. A continuación comer si fuera posible. Andar en pijama y descalza, me gusto a veces más de entrecasa que de salir.
Creo que soy políticamente incorrecta. Hereje y pecadora. No parece importarme mucho.
Veo y pienso en las cosas chiquitas. Me gusta mojarme con la lluvia a menos que esté de mal humor. El mal humor me pasa mucho, pero nos llevamos bien.
Es que soy suceptible, bastante, muchas cosas me irritan. Soy exigente, auto exigente, demasiada auto crítica pasada de rosca. Sufro y dramatizo primero luego no me importa nada. Y así vivo.
Me intimida un poco esto del blog....vamos a ver qué sale
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