Si ella lo trata como siempre, todo es como siempre. Si ella se muestra distinta, distante, lo desencaja, lo desconcierta y lo deja como idiota sin saber qué tiene que hacer. Lo saca de su zona segura. Esos límites que le dan libertad y comodidad. Una rutina que a ella la desespera, pero a él parece satisfacerle y bastarle. Esos gestos que son casi automáticos. Su constante búsqueda hacia él, hacia sus manos, sus mimos, su constante planificación de planes y valga la redundancia.
Esos son parte de una serie de sutilezas que le dieron a él comodidad, seguridad, placer y satisfacción que no parece estar dispuesto a perder.
Ella se lamenta, cuando ya se perdió el encanto, de no haber sido un poco más difícil
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